No se vende (1ª entrega)


No se vende”. Este fue el primer anuncio que tuve de la singular experiencia que sufriría poco más tarde. “¡Que extraño! - pensé - No es precisamente lo que uno espera encontrarse”.


Estaba oscureciendo y tenía prisa, pero la curiosidad fue más fuerte y decidí encaminarme hacia la entrada. Cuando me aproximaba a ella pude comprobar que la casa sufría un deterioro mayor del que había supuesto desde la verja. Parte del tejado había desaparecido y las tejas que quedaban amenazaban con un próximo desprendimiento; los desconchados de la fachada eran abundantes y las ventanas parecían querer escapar de sus marcos. El estado general, como puedes ver, no era muy presentable pero, pese a todo, conservaba un cierto aroma de aquel encanto que le hizo destacar años atrás.

Mientras observaba el aspecto externo me había acercado hasta la puerta de entrada y me dispuse a llamar a la misma. Carecía de timbre y en su lugar podía verse una vieja aldaba que, por su estado, no me atreví a golpear. De todas formas, habría sido del todo innecesario ya que la puerta estaba entornada o, más bien, apoyada sobre el marco. Sus bisagras no respondían ya a la función que les fue asignada y sólo conseguí desplazarla lo suficiente para hacer pasar mi cuerpo a duras penas. Tan pronto traspasé el umbral, la puerta volvió a caer en la posición en la que la había hallado.

No podría expresar lo que sentí cuando recorrí con la mirada la estancia en la que me encontraba. Podía escuchar el ruido de los vehículos en la autopista pero parecía llegar de muy lejos o no existir realmente más que en algún rincón olvidado de mi memoria. Pronto dejé de oírlos; la habitación acaparó toda mi atención. Era un cuarto amplio, híbrido de vestíbulo y salón, con un remarcado estilo de principios de siglo. O eso parecía en un principio. Pronto pude darme cuenta de mi equivocación. En conjunto parecía adoptar una linea determinada pero al profundizar en la observación pude ver que la decoración seguía una pauta bastante extraña. Los más diversos objetos se hallaban entremezclados formando un pintoresco cuadro, si así podía llamarse aquel mosaico de horrores extraídos de una pesadilla.

Dos dragones alados se alzaban a ambos lados de la escalinata que daba al piso superior. Su talla había sido realizada por un delicado artista, apasionadamente esmerado pero en extremo macabro, ya que sus formas respondían a la combinación de diversos animales con un extraño rictus de dolor en sus miembros. Podía habérseles comparado con los antiguos grifos persas si sus cabezas hubieran sido menos demoníacas. Perseo debió sentir la misma impresión al ver a la górgona antes de cortar su cabeza. Aún hoy me despierto empapado en sudor tras haber recibido su visita en mis sueños.

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