No se vende (desenlace)
Las figuras permanecían en la misma posición en la que las había visto la primera vez y, a no ser por el cambio en su ángulo de visión, no habían experimentado ninguna otra alteración. “Son simplemente dos curiosas tallas, en extremo curiosas por cierto, pero no suponen ningún peligro”. Con éste y otros argumentos trataba yo de tranquilizarme pero, sea porque carecían de gran solidez en aquel momento o porque realmente había algo desconocido en ese lugar, decidí que lo más prudente sería refugiarse en el cuarto en el que estaba entrando.
Penetré, así, en la habitación, justo al tiempo que el canto retomaba de nuevo fuerza. Hacía unos breves instantes que había vuelto a dejarse oír y ahora me di cuenta. Asustado, me volví bruscamente pero en el cuarto no había nada más que una vitrina con dos o tres máscaras similares a las de la sala principal. Esta vez, la procedencia del rumor no era la misma; el sonido venía de la habitación contigua. Nuevamente me sentí arrastrado por la voz - ¿o eran voces? - y me dirigí hacia ella.
Si antes creí sentir miedo, la sensación que ahora recorría mi cuerpo demostraba lo contrario. Estaba completamente paralizado y notaba que la descarga de adrenalina tras mis ojos amenazaba hacerlos saltar de sus órbitas. El espectáculo que se ofrecía ante mi era algo que escapaba a la comprensión: un reducido grupo de... individuos, ocultando sus rostros bajo máscaras-fetiche como las que había visto antes, estaban entonando el cántico mientras movían sus cuerpos acompasadamente de un lado a otro. Casi imperceptiblemente, pero sin pausa. Esto no era lo más increible. El centro de atención de todos ellos y de mi mismo era el ser que estaba ante nosotros. Junto a él se encontraba una joven que parecía estar inconsciente. Alrededor de ambos flotaba una especie de fluido etéreo que parecía absorver aquel a quien todos observaban; y la fuente del mismo era ella, la muchacha que yo había creído inconsciente. No había perdido el sentido, ¡estaba perdiendo la vida! De pronto, lo supe. El estaba tomando su alma y ella parecía desaparecer ante mi vista a medida que el proceso se consumaba. Lo último que recuerdo es que en ese momento algo rozó mi espalda y caí desmayado ante aquel grupo que ni siquiera había notado mi presencia, ¿ o habían sido ellos quienes me atrajeron hasta allí para presenciar aquel acto infame?
Cuando recuperé el conocimiento, me encontré recostado contra la verja. Apresuradamente, me levanté y entré en el coche, no sin antes dirigir una última mirada a la casa. El cartel había desaparecido y yo decidí hacer lo mismo. Y lo hice.
En ocasiones vuelvo a ver el cartel sobre la fachada. Y siempre hay un coche aparcado frente a la casa.
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